Un año, un mes y ocho días después, vuelvo a sentarme frente a esta página. Confieso que me a costado cambiarme a esta nueva versión. Que joda el cambio, aunque suene grosero eso fue.
Lo primero que tuve que hacer, forzado por las circunstancias de recuperar mi blog y por la obligada condición que imponen los Googlemen, es inscribirme o tener un correo g_mail, lo cual no está mal ya que podré intercambiar información y otros con mis amigos, lo que está mal es que sea obligatorio.
Bueno ya esta hecho y la verdad que el placer y el gozo que me invaden, compensa el mal rato.
Extraño poner sobre esta pantalla palabras, palabras que tal vez para algunos no tengan sentido. Me siento vacio sin poder reflejar, a través del lenguaje, lo que veo, percibo, deduzco. La vida es comunicación a través de los medios de los que disponemos: nuestra voz, nuestras manos, nuestra mirada, y ese lenguaje que escapa por nuestros poros, desde lo más profundo de nuestro ser; siempre que exista esa supuesta profundidad.
En Nueva York, llueve. Y es más hermosa la lluvia, cuando tenemos con quien compartirla, con quien mojarnos, a pesar del paraguas que de nada sirve, cuando la lluvia viene acompañada del fuerte viento. Pero no es para preocuparse, el no tener con quien compartir la lluvia del Norte, pues siempre, aunque acompañados, siempre andamos solos.
Pero, otro pero más, tampoco debe preocuparnos la soledad, ya que siempre hay una mano solidaria en nuestro camino. Solo tenemos que mirar por el agujero por donde miró Neruda, en su lejana niñez, y así como él encontró la solidaridad en forma de una piña "...olorosa y balsámica..." también nosotros podremos encontrarla. Aunque algunos en estos tiempos de cólera, liberalismo y mercado, prefieran el cargo público, el puestito, en alguna dependencia Estatal, o el dinero de ong's; la solidaridad y la calidez de una mano desconocida, ambas humanas, siempre esperan a quien quiera acercarse a ellas.