Monday, January 29, 2007

Reencuentros

De cualquier manera tenía que volver a verla, el pedirle me devuelva la película "Un tranvía llamado deseo", o el libro "Retrato en sepia", era un buen pretexto, casi un argumento de peso, para volver a verla. Lo que nunca pasó por mi cabeza fue encontrarla, después de tanto tiempo, tan lejos de donde vivo y de shoping con sus hijos. Fue muy incómodo para ella y fue, la primera mentira que escuché de sus labios “estába por llamarte para...”. La corte en el para, con un “no te preocupes ya lo resolví, cuando puedas me las devuelves”. Me dolió que aquellos ojos que me conmovieron desde la primera vez que los miré, y que aún conservan cierta tímida candidez, me dijeran lo contrario de lo que salía de sus labios.

Han pasado casi seis meses desde aquella vez; no tengo la película ni el libro, no la he vuelto a ver, no sé como está, supongo que bien. Las malas noticias viajan solas y rápido.

Si algo me causa cierta tristeza, no dolor, es que su silencio y el tiempo me dicen a gritos que soy, y fui, nada en su vida. Puedo, sin engañarme, ignorar los gritos, hacerle gambetas al tiempo y con la música, buscar que acallar su ausencia. Es su silencio el que suena fuerte dentro y fuera de mi, como una pieza de jazz en todas sus escalas, profundos y sentidos solos de piano y saxofón, los cuales sacuden mi espíritu como a una sábana vieja; gastándola más y habriéndo nuevos surcos de dolor, en su raída urdiembre.

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