Sunday, October 29, 2006

Gold Coast

Cuando leía tus correos te imaginaba feliz, relajada. Estabas sentada en una mecedora o en un sillón de madera ancho y espacioso, o tal vez sólo cómodo, desde el cual disfrutabas la hermosa lluvia mientras bebías una taza de café.

Veía la lluvia que corría por la pista y esas aparentes serpientes eléctricas, no podía ver la vereda o calzada, que se forman al caer las descargas sobre el asfalto mojado.

Te ví caminando bajo la lluvia, supuse que a pesar del duro trabajo o gracias a él, te sentias o eras otra: más fuerte, dueña de tí y tu destino. Pensé, equivocadamente, que la Gold Coast era el lugar para construir tus sueños, lo hice en función a las imágenes que tus palabras escritas hacían surgir en mi, de ahí mi error.

No olvides; hay quienes gastan el cariño y el amor de tanto repetirlo en vano.

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